No sé en qué momento pensamos que lo nuestro podría salir bien si lo teníamos todo en contra. Supongo que las ganas nos pudieron y nos llenaron de algo parecido a lo que llaman esperanza, algo con lo que nos creíamos dueños de nuestro destino y por lo que estábamos dispuestos a comernos el mundo. Me pensabas tuya y te creía mío.
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